Más Allá del "Felices para Siempre": Redefiniendo el Amor en la Era de los Matices
- Kokonuta
- 8 feb
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 16 feb
¿Cuántas veces hemos escuchado —o incluso preguntado— si una pareja es "feliz" juntos? La pregunta parece inocente, pero encierra una trampa: asume que el amor solo puede medirse en términos de dicha absoluta o de tragedia irreparable. Vivimos en una cultura obsesionada con dos narrativas opuestas: el cuento de hadas romántico (el "final feliz") y el drama desgarrador (la ruptura, el desamor). Pero ¿qué ocurre con todo lo que existe entre esos extremos? ¿Con las relaciones que no son perfectas pero tampoco fracasadas, los amores que evolucionan, los vínculos que se sostienen en la incomodidad y el aprendizaje?
Este reduccionismo no solo limita nuestra comprensión del amor, sino que nos condena a vivir en una constante insatisfacción. Como señala la filósofa Carrie Jenkins, si dejamos de ver la felicidad como un objetivo en las relaciones y empezamos a entenderla como un efecto secundario de otras cualidades, podríamos liberarnos de la presión de perseguir un ideal imposible.
1. El mito del "felices para siempre" y por qué nos falla
El relato del amor romántico —heredado de novelas, películas y canciones— nos ha enseñado que una relación "exitosa" es aquella que garantiza felicidad perpetua. Pero esta narrativa ignora algo fundamental: el amor no es un estado estático, sino un proceso dinámico. Viktor Frankl, psiquiatra y sobreviviente del Holocausto, ya advertía que la felicidad no puede ser un fin en sí misma, sino el resultado de encontrar significado. Trasladado al amor, esto implica que las relaciones no existen para hacernos felices, sino para ayudarnos a crecer, a conectar y a dar sentido a nuestra existencia, incluso en medio de conflictos o desacuerdos.
La obsesión por la felicidad como meta, además, nos lleva a demonizar emociones como el aburrimiento, la frustración o la duda. ¿Acaso una pareja que discute está condenada al fracaso? ¿O es posible que esos momentos de tensión sean precisamente lo que fortalezca el vínculo?
2. Sustituir la felicidad por cualidades más profundas
Si abandonamos la idea de que el amor debe ser sinónimo de felicidad constante, ¿con qué la reemplazamos? Jenkins propone enfocarnos en cualidades como el respeto, la complicidad, la curiosidad mutua y la voluntad de construir algo juntos. Estas no garantizan un "final feliz", pero sí crean un terreno fértil para que surja la dicha de manera espontánea, como un regalo inesperado.
John Stuart Mill, filósofo del siglo XIX, comparaba la felicidad con un rayo de sol: si lo persigues directamente, nunca lo alcanzarás; pero si te enfocas en otras actividades, puede iluminarte de repente. Del mismo modo, en el amor, cuando dejamos de exigir felicidad y nos concentramos en cultivar la confianza, la comunicación honesta o el apoyo mutuo, la alegría aparece como un subproducto natural.
3. El amor como espacio para lo imperfecto (y lo humano)
Las relaciones más auténticas no son aquellas libres de problemas, sino las que integran las imperfecciones como parte de su historia. Pensemos en:
- El amor que se reinventa: parejas que atraviesan crisis y deciden renegociar sus roles o expectativas.
- El amor que prioriza el compañerismo: no todo es pasión; a veces, lo que sostiene un vínculo es la capacidad de reírse juntos o de compartir silencios cómodos.
- El amor que acepta los finales: incluso cuando una relación termina, puede dejar aprendizajes valiosos sin necesidad de convertirse en una tragedia.
Estos ejemplos demuestran que el amor no es blanco o negro, sino una paleta de grises, colores y texturas que se mezclan con nuestras contradicciones.
Conclusión: Abrazar el amor complejo (y real)
Es hora de contar historias de amor más honestas. Historias donde no todo se resuelve con un beso bajo la lluvia, pero tampoco con un portazo dramático. Historias donde hay días de complicidad absoluta y otros de distancia incómoda, donde el conflicto no es sinónimo de fracaso, sino de humanidad compartida.
Como escribe Jenkins, si dejamos de buscar la felicidad como un ideal romántico y empezamos a valorar cualidades como la resiliencia, la empatía y el crecimiento mutuo, el amor se convierte en algo más profundo: un viaje compartido, no hacia un "felices para siempre", sino hacia una vida más auténtica.
¿Y tú? ¿Qué cualidades crees que definen un amor realista y significativo? Te invito a reflexionar y compartir tus pensamientos en los comentarios.
Hasta la próxima,
Kokonuta
PD: Si te interesa profundizar, te recomiendo el libro "Sad Love: Romance and the Search for Meaning" de Carrie Jenkins. Un ensayo provocador que desafía todo lo que creías saber sobre el amor. 💔📖
Comments